Candidatures d’Unitat Popular, una alternativa de base en los municipios
Quim Arrufat, politólogo y miembro de las CUP de Vilanova i la Geltrú nos explica cómo nacieron, qué son y qué pretenden estas candidaturas, y nos da algunos ejemplos del trabajo hecho en los pueblos.
Las pasadas elecciones municipales del 27 de mayo de 2007 no aportaron cambios significativos de colores en los ayuntamientos del país. La práctica totalidad de los gobiernos municipales de las principales ciudades y pueblos no se movió ni una coma. Pero en el panorama municipal del Principat de Catalunya aparecieron con fuerza unas siglas que si bien no eran nuevas, sí que habían podido pasar desapercibidas hasta entonces: las Candidatures d’Unitat Popular (CUP). Las candidaturas municipalistas de la Izquierda Independentista lograron representación en importantes ayuntamientos de capitales de comarca, como Mataró (1 concejal), Manresa (1), Vilanova i la Geltrú (1), Vilafranca del Penedès (2), Berga (2), Vic (2) o Valls (1), así como en otras poblaciones de tamaño medio como Sant Celoni (2), Cardedeu (1), Ribes (4) o Molins de Rei (1) y en otros ocho ayuntamientos más: Montesquiu (1), Arenys de Munt (1), Torà (1), Sallent (1), Viladamat (1), Salt (1), Celrà (1) i Capellades (2). En total, más de 20.000 votos en el Principat de Catalunya donde también hay que tener en cuenta los votos recogidos por aquellas CUP que se quedaron sin representación institucional, como fueron los casos más destacados de Badalona (1.571 votos), Lleida (1.030), Girona (936) o Sant Cugat del Vallès (895).
Pero lo cierto es que las siglas CUP no nacieron las pasadas elecciones y su historia más antigua se remonta a la Transición. A pesar de una trayectoria más o menos tortuosa por lo que respecta a la presencia de candidaturas en el territorio y a las instituciones, las CUP obtienen ya el año 2003 una representación institucional estable de la mano de una nueva hornada de jóvenes comprometidos. En aquellas elecciones las CUP se presentan en una quincena de poblaciones, en solitario o en coalición, y obtienen 6 concejales: en Torà (2) —donde la CUP ha tenido representación durante más legislaturas—, Sallent (2), Vilafranca (1) y Valls (1). En las últimas elecciones, las CUP logran presentar candidaturas en unas cincuenta poblaciones del Principado, más el municipio de Barxeta en el País Valencià.
Sin embargo, ¿qué son las CUP? Las CUP se definen a sí mismas como ‘candidaturas municipales de la Izquierda Independentista’ o bien ‘candidaturas independentistas y de izquierdas de los Països Catalans’. Lo cierto es que las CUP gozan de un alto grado de autonomía local y, por lo tanto, son muestra de gran diversidad. Sin embargo, entre ellas comparten un mismo programa, marco para las elecciones. Si intentamos buscar los denominadores comunes de las CUP, más allá de la autoubicación ideológica —que es obviamente de izquierdas e independentista—, podríamos aventurar las siguientes características.
Matices y características de un espacio político diferente: las formas
Si bien no en todos los casos, sí que en la mayoría, se trata de candidaturas que basan el epicentro de su fuerza en una asamblea con plenos poderes de decisión y deliberación. Podría ser una característica compartida por otros encuentros políticos, pero en las CUP las asambleas no se componen solo de militantes afiliados, sino de compromisos individuales y colectivos con el proyecto CUP, mecanismo que permite una más amplia participación. Sobre todo de aquellas personas que pueden constituir el espesor del liderazgo de las CUP, que son las personas implicadas en asociaciones y entidades de la sociedad civil organizada.
Las Candidatures d’Unitat Popular son, además, espacios políticos con un alto nivel de creatividad en las formas de intervención política y con una casi permanente preocupación por abrir más y nuevos espacios de participación ciudadana en el seno de la candidatura. Como ejemplo de esto último, nos podemos fijar en los procesos de campaña electoral llevados a cabo por las CUP. En buena parte de municipios los programas electorales fueron elaborados a través de debates ciudadanos, y en casi todos los municipios los programas fueron presentados al público en varios actos, hecho cada día más inusual en la política municipal del resto de formaciones.
Finalmente, las CUP se caracterizan por una gran autonomía respecto a cualquier estructura centralizada, como sucede en el resto de partidos. Aquello que quizá alguien pensaría que es un handicap más que una ventaja, permite una enorme diversidad de formas y propuestas, de programas y acciones políticas, que tuvo su eclosión, obviamente, en la última campaña electoral. Probablemente, la ausencia de órganos centrales que planifiquen las campañas y las propuestas obliga felizmente a las CUP a erigirse como espacios autónomos y responsables de sí mismos y a buscar todos y cada uno de los apoyos y complicidades dentro del propio municipio.
Si tuviéramos que nombrar de alguna manera esta forma de organización política, a medio camino entre el partido político —porque concurre en las elecciones y participa de las instituciones municipales— y el movimiento social —por las dinámicas participativas y porosas en la estructura y los procesos de toma de decisiones internos—, lo podríamos describir como ‘espacios asamblearios de trabajo político, social y cultural en y desde los respectivos municipios’, o bien acercándonos más al propio léxico de las CUP, ‘espacios municipalistas de unidad popular’.
Está claro que estas características y estos intentos de definición son también compartidos por otras organizaciones, como pueden ser las asambleas que integran las CAV (Candidatures Alternatives del Vallès) o algunas de las Enteses de Progrés Municipal (Entendimientos de Progreso Municipal, EPM), candidaturas municipalistas adheridas a Iniciativa per Catalunya-Verds. En el otro extremo, la misma definición y características semejantes podrían servir para experiencias de organización política de las cuestiones que afectan a la vida colectiva que no concurren en las elecciones, como la Assemblea del Barri de Sants, en Barcelona, (‘espacio asambleario de trabajo político’) o más de una coordinadora o plataforma territorial.
Por lo tanto, para acabar de definir las CUP, habrá que añadir que son espacios que combinan la acción colectiva en la calle y a las instituciones municipales y que se estructuran conjuntamente en el ámbito nacional de los Països Catalans. Hay que destacar sin embargo que actualmente la estructuración de las CUP responde a un mapa de implantación casi exclusivo de las cuatro provincias de la Comunitat Autònoma de Catalunya.
Programa compartido, objetivos comunes: el contenido
A pesar de la ausencia de una dirección política dentro de la estructura nacional compartida de las CUP, un repaso a los programas y campañas electorales de estas candidaturas nos da una idea bastante exacta de una agenda política efectivamente compartida. Como hemos dicho antes, las CUP comparten un mismo programa marco para confeccionar los respectivos programas municipales. Pero la enorme semejanza en la orden de prioridades en las respectivas agendas responde, probablemente, a algo más que la referencia compartida a un mismo documento orientativo, como es el mencionado ‘programa marco’. Hay que entender que la mayoría de las CUP están formadas en la base por una misma experiencia política, entendimiento en un sentido amplio, que ha compartido —y protagonizado— el recorrido militante y el conocimiento político de los últimos diez años de los movimientos sociales catalanes y de la Izquierda Independentista. No es extraño, pues, que debido a la vivencia compartida de una misma experiencia y educación política de sus militantes, las CUP coincidan casi plenamente en el contenido de sus programas sin necesidad de dirección política.
Regulación y control sobre el urbanismo y defensa del territorio frente la especulación (defensa de la tierra); democracia directa y fomento del asociacionismo y la participación ciudadana (participar es decidir); la vivienda asequible y la afirmación de las políticas sociales (transformación social); la cultura como eje vertebrador de la cohesión social y el crecimiento humano colectivo; y el fomento de la cultura y la lengua catalanas, así como la reivindicación de reunificación y autodeterminación para los Països Catalans. Estos, en resumen y con algún margen de error según la realidad local, son los puntos —¡y casi por este orden!— de las agendas políticas de las CUP.
Un articulista del diario español El País, en un artículo publicado pocos días después de las elecciones municipales en referencia a la aparición con fuerza de diferentes siglas nuevas en las municipales, describía las CUP más o menos como sigue: ‘culturalmente libertarias, económicamente redistributivas y políticamente de izquierdas e independentistas’. Difícil encontrar una fórmula más concisa de describir el fondo y la forma de las CUP —aquello que realmente son.
Los retos de futuro
El proyecto político de las CUP, pues, es una realidad política que ya está en marcha. Es una iniciativa que, además, como hemos descrito más arriba, responde a un cierto consenso dentro del abstracto de los movimientos sociales y el concreto de la izquierda independentista, que es el de impulsar espacios municipales de lucha política en las instituciones y en la calle para la transformación social, para la democracia directa (encabezada por el ejercicio del derecho colectivo del pueblo catalán a la autodeterminación) y para la defensa del territorio frente a la destrucción y la especulación. Sin embargo el proyecto político de las CUP aún está en construcción y definición —¡mala señal si no lo está siempre!— y son diversos los retos de futuro que las CUP deben encarar.
Creerse el país. Uno de los retos que se plantea como de los más importantes es la estructuración a nivel de Països Catalans. Si bien en el discurso propio de la Izquierda Independentista el marco nacional de los Països Catalans es incuestionable, la realidad organizativa y política de las CUP se restringe actualmente a la Comunitat Autònoma de Catalunya.
Reforzar la confianza. Uno de los otros retos de las CUP será garantizar que su expansión no queda supeditada a criterios cuantitativos y que las nuevas CUP que se creen por todo el territorio respondan a una voluntad de autoorganización política, con discurso rupturista, democrática y de izquierdas, independentista y con marco nacional catalán. Las expectativas de crecimiento de las CUP, sobre todo entre el electorado descontento de Esquerra Republicana de Catalunya, podrían generar un crecimiento cuantitativo. También podría, sin embargo, devaluar el valor añadido de las CUP, que es ahora mismo el trabajo de sus militantes y de construcción de unidad popular en los municipios.
Tejer red. Detrás de la expresión ‘unidad popular’ hay una amplia voluntad histórica de agrupar dentro de de un mismo movimiento (más o menos articulado, pero reconociéndose a sí mismo como tal) las diferentes expresiones de la izquierda independentista y transformadora en el sentido amplio de la palabra. Aplicado en los municipios, las Candidatures d’Unitat Popular buscan también ser las candidaturas institucionales de un movimiento más amplio, donde colectivos y movimientos se den cita, se articulen y hablen, construyan juntos para dar sentido a la estrategia de la unidad popular. Concretar fórmulas de articulación y construcción de la unidad popular es y será seguramente otro de los retos de las CUP —¡y de tantos de otros agentes políticos y sociales de la izquierda transformadora!— en los próximos años.
Marcar la diferencia. En definitiva, las CUP deberán reafirmar y rebuscar las fórmulas que les permitan marcar la diferencia en el terreno institucional. A nivel programático, pero también a nivel político. Antes existe el reto de regenerar el espacio de la izquierda comprometida, rupturista y transformadora. La de aquí, pero también más allá, la de Europa en general. Con todo el entusiasmo, las CUP pueden ser un importante grano de arena en la actualización de las formas y el fondo de la izquierda anticapitalista.
Esperanza de futuro, esperanza de país. Si de una cosa no cabe duda, es que las CUP y su proyecto político han encendido una llama de esperanza entre muchos sectores de la izquierda de este país. En consecuencia, el reto más importante de esta formación será no defraudar la esperanza generada y saber aportar discurso, estrategias y color para rescatar un país —aún solo soñado— que despacio se desangra entre el cemento, el neoliberalismo, la españolización y las entidades bancarias.
Ribes del Garraf contra la dictadura Blanco
La candidatura de Ribes, que se presenta bajo el nombre de Unitat Municipal-9 desde las primeras elecciones municipales democráticas después de la última dictadura española, ha ostentado durante diversas legislaturas la alcaldía del municipio. Desde 1999 es la principal formación en la oposición. Articulada como candidatura amplia a partir del movimiento cultural de Ribes y el movimiento vecinal de les Roquetes, ‘la Nou’ ha denunciado repetidas veces el modelo antidemocrático del gobierno del PSOE y su alcalde, Josep Antoni Blanco, el cual con mayoría absoluta ha marginado hasta el ahogo el tejido social y cultural ribense en beneficio de grandes obras urbanísticas. La oposición de la Nou ha logrado mantener cuatro concejales hasta esta legislatura y reducir la mayoría absoluta a una mayoría simple. Solo ICV ha evitado que Blanco quedase en minoría o incluso en la oposición. Más allá de eso, ‘la Nou’ de Ribes es uno de los referentes municipalistas sobre el que se han armado ideológica y prácticamente las CUP. La combinación de movimiento cultural (a través del casal GER, que cuenta con casi un millar de socios) y al mismo tiempo político (a través de la candidatura, que cuenta con 1.300 simpatizantes) ha sido un binomio que se ha repetido en el nacimiento de numerosas CUP surgidas de casas de cultura y ateneos populares.
Vilanova y la batalla contra el crecimiento urbanístico
Vilanova i la Geltrú, capital del Garraf, es una de las ciudades del segundo cinturón metropolitano, en plena efervescencia urbanística durante los últimos años. Hasta 30 urbanizaciones ilegales han ido creciendo con la permisividad de unos partidos que, hasta la llegada de la CUP, se jactaban de resolver el urbanismo a base de acuerdos unánimes fuera del Pleno, sin debate público, sin freno a la urbanización. El más grave, un Plan de Ordenación Urbanística Municipal que preveía que en 15 años Vilanova pasaría de los 67.000 habitantes actuales a 120.000. La CUP se presentó con un mensaje claro: romper el pacto de silencio entorno al área de urbanismo. Con la voluntad de equiparar crecimiento moderado con servicios sociales, la CUP obtuvo 1.366 votos y un concejal. Ahora mismo, la CUP de Vilanova carga pilas para lograr rebajar los términos con que se quiere aplicar la Área Residencial Estratégica del Eixample Nord, y hacer todo lo posible, movilizaciones incluidas, para que el Ortoll, la siguiente zona boscosa en la lista de áreas por urbanizar, se preserve como pulmón verde.
Valls, contra el ARE y a favor del Casco Antiguo
La CUP de Valls, que ya tenía concejala desde la legislatura 1991-95 y que vuelve a tener desde 2003, surgió del Ateneo Popular La Turba. Este es un proyecto asociativo con 11 años de historia que agrupa también la Asamblea de Jóvenes de Valls, la sede local del Sindicat d’Estudiants de los Països Catalans y un puñado de colectivos más. Como en otros municipios, Valls se ha visto incluido en la lista de las Áreas Residenciales Estratégicas que el gobierno de la Generalitat ha proyectado para salvar la economía de los promotores inmobiliarios con inyección masiva de obra pública. Si bien en algunos municipios las ARE aportan ventajas notables (son viviendas reguladas y vienen acompañadas en principio de servicios sociales), en muchos otros las ARE suponen una injerencia en la autonomía municipal por lo que respecta a la planificación del crecimiento. Además, en la mayoría de los casos el Gobierno ha supeditado la aplicación de las ARE a servicios sociales ya pactados con anterioridad. Después de años de ausencia de política de vivienda, el Gobierno se lanza a la construcción subvencionada de 100.000 viviendas en los próximos años, ignorando la peligrosa cantidad de pisos en venta, vacíos o a medio construir que hay desparramados por las villas y ciudades del país. EL ARE que pretende urbanizar 34 hectáreas —¡1.740 viviendas!— en Valls, fuera de la planificación municipal, ha hecho saltar la CUP de este municipio, en lo que denuncia como las antípodas del crecimiento sostenible del que hace gala el Gobierno. Además, cree razonadamente que la prioridad es la rehabilitación del casco antiguo del pueblo, hondamente degradado. Por eso mismo, la CUP ha impulsado la creación de la Plataforma Valls Viu, después de que el mes de marzo pasado 400 personas se autoconvocasen en defensa del casco antiguo y contra la pasividad del gobierno municipal.
Vilafranca: ¡basta de políticos mentirosos!
Histórica fue durante muchos años la lucha contra el Tren de Alta Velocidad, una obra faraónica que, mucho antes de causar quebraderos de cabeza horarios a los trabajadores del Baix Llobregat y el Garraf, encontró una fuerte oposición en las comarcas por donde debía pasar. Vilafranca fue uno de los focos importantes de esta resistencia. ¿Quién iba a decir que, años después, en 2004, el gobierno español proyectaría, además, una base de montaje de 160.000 metros cuadrados sobre terreno agrícola adyacente a Vilafranca? Pero lo más grave no fue el proyecto. El gobierno (PSC y ERC) había repetido en diversas ocasiones no tener ningún información y la CUP destapó el asunto haciendo públicos unos documentos del Ayuntamiento. En el pleno siguiente decenas de jóvenes llenaron la sala con pancartas de ‘Basta de políticos mentirosos!’. La CUP obtendría un concejal más en las últimas elecciones.
Sant Celoni: ¡democracia es participar, participar es decidir!
La CUP de Sant Celoni, que se presentaba en las elecciones por primera vez, obtuvo dos concejales al mismo tiempo que ERC e Iniciativa perdían su representación. Paradigma del espacio político que quizá aspiran las CUP a ocupar en un futuro. Convergència y el PSC quedaron fuera de la mayoría absoluta y a la CUP era la llave de la gobernabilidad. En una gran muestra de responsabilidad, la CUP conversó con ambos partidos, con representantes de la sociedad celonina, redactó un documento de bases para el acuerdo de gobernabilidad y finalmente, en su 5ª Assemblea d’Unitat Popular—con más de 100 asistentes—, decidió por amplia mayoría dar el apoyo a la investidura del alcaldable de CiU, primando el cambio a los 17 años de Castaño (PSC) en el consistorio. Sin embargo, el acuerdo contenía una cláusula de garantías: la CUP se reservó el derecho de retirar el apoyo tan pronto como el gobierno de CiU (la CUP no formó gobierno, solo invistió el alcalde con sus votos) rompiese el pacto. El Área Residencial Estratégica que el gobierno de la Generalitat ha proyectado a Can Riera de l’Aigua ha sido el detonante para que la CUP considerase la actitud de CiU a favor del ARE —pese al oposición de la mayoría del Pleno— como una roptura del acuerdo y en su 7ª Assemblea d’ Unitat Popular, celebrada en mayo, la mayoría de miembros de la CUP decidieron rescindir el contrato y retirar el apoyo a CiU. ¡Democracia es participar, participar es decidir!
Sallent no quiere más sal
Cerca del municipio de Sallent (el Bages) se encuentran las minas de sal de la empresa española Iberpotash. Son muchos los vecinos y las entidades que denuncian que la empresa está detrás de la contaminación del río Llobregat y de las aguas freáticas. El último capítulo de la polémica llegó de un acuerdo del gobierno de CiU con la empresa para permitirle ampliar el residuo salino, en una muestra de alineamiento con los intereses de la empresa. Esta decisión, que perpetúa una economía agotada y agotadora, fue contestada por la Plataforma Prou Sal (Basta de Sal), que en la fiesta tradicional de las enramadas de Sallent decoró el río Llobregat con dos saleros gigantes. La reacción del gobierno de derechas de retirarla de madrugada del río provocó una manifestación espontánea de vecinos hasta el Ayuntamiento. En el siguiente pleno la mayoría del pleno votó a favor de una reprobación contra el alcalde presentada por ERC y la CUP y anunció públicamente que no participaría en ningún proyecto más liderado por el gobierno hasta que el alcalde ‘no pidiese perdón’ al pueblo. La CUP de Sallent formó parte del gobierno en la anterior legislatura, en coalición con ERC, después de lograr que las izquierdas sumasen más votos que la derecha, con CiU a la cabeza.
Molins de Rei: menos sueldo para los políticos
Una de las acciones más significativas de las CUP que han tenido representación ha sido la demanda unánime de rebajar los sueldos y los privilegios de la clase política. En Vilanova i la Geltrú, por ejemplo, la CUP renunció a la figura mafiosa del ‘cargo político’, empleados a sueldo público para los grupos municipales que el gobierno se inventó de golpe, y a la partida de 6.000 euros por concejal que el gobierno repartió sin vergüenza, saneando los déficits de campaña electoral con dinero público, y que la CUP también rechazó. Del mismo estilo descarado fue el aumento de sueldos que el pleno del Ayuntamiento de Molins de Rei (Baix Llobregat) decidió aprobar apenas investido el nuevo gobierno (tripartito de izquierdas), que situaba la subida entre el 38 y el 128%. La CUP fue la única formación en votar en contra, alegando que el aumento supondría una gasto de 825.000 euros extras. Los mismos argumentos llevaron a la CUP esta primavera pasada a recoger firmas de vecinos y vecinas del municipio, para volver a sacar el tema a la discusión pública, presentando una moción para la anulación de los aumentos de sueldo. De nuevo, la CUP se quedó sola.
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