Apuntes sobre la Corriente Socialismo Internacional

En el Estado español, la Corriente Socialismo Internacional, más conocida por sus siglas en inglés IST (International Socialist Tendency) y de la cual forma parte En Lucha / En Lluita, es poco conocida. En el momento actual de configuración de una nueva izquierda en Europa, proceso gradual y muy desigual por países, la colaboración y los debates entre la izquierda revolucionaria son cuestiones claves. En este proceso, tener un mayor conocimiento de las principales corrientes revolucionarias permite ver los puntos comunes y generar confluencias. Por eso, tratamos en este texto algunos aspectos de la política y actuación de la IST y de su componente más conocido, el Socialist Workers Party (SWP) de Inglaterra que pueden ser ignorados o poco entendidos.
1. Los orígenes de nuestra corriente internacional.
1.1. La crisis del trotskismo.
Desde hace décadas existen una multitud de corrientes y grupos de perfil trotskista, muy divididas entre sí y, en la mayoría de casos, con una afiliación escasa. Para cualquier persona ajena, este panorama de escisiones, sectarismos y disputas aparentemente bizantinas es poco atractivo, además de incomprensible. Sin embargo, no se puede entender la situación actual sin entender algo de su historia.
No es casualidad que las dos corrientes trotskistas internacionales más significativas hoy en día –la Cuarta Internacional (CI) y la IST– hayan conseguido liberarse de gran parte de los excesos de una ortodoxia estéril.
Los orígenes de la IST se remontan a la crisis del movimiento trotskista de los años cuarenta. A finales de aquella década, un puñado de militantes en Gran Bretaña estableció el Socialist Review Group, que más tarde pasaría a llamarse International Socialists y, hoy en día, SWP. El SWP tiene actualmente más de 5.000 afiliado/as y es una de las principales fuerzas de la izquierda radical europea. El teórico más conocido del grupo fue Ygael Gluckstein (más conocido como Tony Cliff), que comenzó militando en las filas del comunismo palestino durante los años treinta. Más adelante, surgieron en otros países, sobre todo desde los ochenta, otros grupos simpatizantes con las ideas de Cliff y del SWP, que ya entrados los noventa formarían lo que hoy es la IST.
No vamos a profundizar aquí en las razones por las que nos parece importante la herencia política de Trotsky; solamente destacar su relevancia en mantener el marxismo como teoría y práctica vivas.1
En 1938, Trotsky y sus seguidores establecieron la Cuarta Internacional. Fue un gesto desesperado frente a una situación terrible: el auge del fascismo, la dominación del estalinismo sobre el movimiento comunista, la derrota de la Revolución Española, una crisis económica profunda, la inminencia de la guerra mundial y el aislamiento casi total de la izquierda revolucionaria. La CI fue fundada en una reunión de un día en la que participaron 21 delegados de 11 países; la única organización con una cierta presencia fue el SWP estadounidense con unos 2.500 militantes. El delegado ruso era un agente de la policía secreta soviética.
El modelo para la CI era la (Tercera) Internacional que había sido organizada después de la revolución rusa y gozaba del apoyo de millones de personas. El propio Trotsky, después de declararse a favor de la fundación de una nueva internacional en 1933, se había opuesto al principio a que se estableciera sin fuerzas reales. Sin embargo, ya a finales de la década la situación era tan desastrosa que Trotsky optó por lanzar la nueva internacional como un intento de superar una situación de gran debilidad orgánica. La aspiración de la nueva internacional era nada menos que, igual que la Internacional Comunista en 1919, convertirse en el ‘Partido Mundial de la Revolución Socialista’. Su base teórica era2:
- La imposibilidad de la superación del capitalismo de su propia crisis: la dicotomía fue socialismo o barbarie; la época de la democracia burguesa había terminado.
- La naturaleza contrarrevolucionaria del estalinismo.
- La inestabilidad de la burocracia estalinista en la URSS: “en el corto plazo” se restablecería el capitalismo, además, con formas claramente fascistas si la clase obrera soviética no conseguía aplastar la casta burocrática por medio de una revolución política.
- La imposibilidad del resurgimiento del reformismo.
- La inminencia de una guerra mundial que terminaría en la victoria del fascismo o de la revolución proletaria.
Trotsky fue optimista respecto a que la CI en el corto plazo superara su debilidad. En 1938, escribió que “durante los próximos diez años el programa de la Cuarta Internacional se transformará en la guía de millones de personas y estos millones de revolucionarios sabrán cómo darle la vuelta al cielo y la tierra”.3
Ya terminada la Segunda Guerra Mundial, fue evidente que las previsiones de Trotsky no habían sido acertadas. No solamente sobrevivió el capitalismo, sino que iba a entrar en su periodo de crecimiento más importante. La democracia burguesa y el reformismo también, lejos de desaparecer, iban a gozar de una época dorada en los países industrializados avanzados. La burocracia estalinista no sólo sobrevivió, sino que su poder fue ampliamente reforzado con la extensión de su dominio al Este de Europa y a China. Mientras tanto, las fuerzas de la CI habían crecido muy poco; las masas no se habían agrupado detrás de ella. En contraste, los partidos comunistas salieron de la guerra más fuertes que nunca después de dirigir la resistencia armada al fascismo en Italia, Grecia, Yugoslavia y otros países.
Frente a este panorama, la mayoría de los trotskistas, sin Trotsky, no fueron capaces de ofrecer una explicación mínimamente coherente de la nueva situación. Sobre todo, la creación de estados con el mismo sistema social y económico que la URSS en una serie de países creó una confusión teórica notable entre las filas trotskistas. En este contexto, mantener la ficción de un partido mundial cuando no tenía ninguna base social relevante se convirtió en otro obstáculo para la reconstrucción de la izquierda revolucionaria. La existencia de una ‘dirección mundial’ impidió a los trotskistas ver las cosas como realmente eran.
1.2. Una revisión necesaria.
Mientras que la mayoría de trotskistas intentaron cuadrar el círculo negando que las cosas no fueran como había previsto Trotsky en 1938, unos pocos intentaron hacer un análisis de la nueva situación desde una perspectiva marxista.
Entre ellos, Tony Cliff y sus compañeros llegaron a la conclusión de que el sistema económico de la URSS –y por extensión los demás países ‘comunistas’– era capitalismo del estado. Cliff basó su análisis tanto en una lectura cuidadosa de Marx como en el análisis anterior del propio Trotsky. Los elementos clave en este análisis eran que la propiedad estatal en sí misma no era el socialismo, y el capitalismo se define (según Marx) como una relación social entre las clases sociales y los medios de producción. Al mismo tiempo, la dinámica del sistema era “acumular sólo por acumular”: el motor del capitalismo que Marx identifica en El Capital. Además, el sistema económico soviético había entrado en una dinámica de competencia con otros capitales. Al mismo tiempo, el análisis de Trotsky sobre la naturaleza de la burocracia estalinista como una capa inestable ayudó a entender cómo se había convertido en una nueva clase dominante.
La gran ventaja de la teoría del capitalismo del estado era que permitía salvar al marxismo como una teoría revolucionaria. Para Marx, “la emancipación de la clase trabajadora es el acto de la misma clase trabajadora”. Al transformar el mundo, la gente se transforma a sí misma. Sin este proceso de “autoemancipación”, el marxismo deja de ser una teoría de liberación humana y entra en el terreno de un dogma, dentro del cual los seres humanos son elementos pasivos y no el “motor de la historia”.
Así se entiende la monstruosidad que fueron los países estalinistas como un sistema de explotación y represión tan fuertes sobre la clase trabajadora, en algunos casos más que los países capitalistas ‘normales’. Sin entender esto, el socialismo queda como una abstracción, al ser extirpado su componente democrático. Además, si fuera posible acabar con el capitalismo sin la participación activa de los y las trabajadoras –como claramente había pasado en el Este de Europa invadido–, la propia centralidad del marxismo quedaría en entredicho.
En paralelo a la teoría del capitalismo del estado, Cliff y otros elaboraron un análisis del capitalismo de postguerra que demostraba cómo el gasto en armas (la “economía armamentística permanente”) evitó que la economía volviera a entrar en crisis como después de la Primera Guerra Mundial. Así, la teoría de la economía armamentística permanente permitió a los precursores de la IST explicar el boom del capitalismo de los años sesenta. También Cliff hizo una revisión crítica de la teoría de la revolución permanente de Trotsky; algo indispensable para entender los nuevos procesos de liberación nacional y social en el llamado “tercer mundo”.4
La base ideológica del movimiento trotskista había sido totalmente minada por los hechos y, además, faltaba cualquier base social relevante para convertirse en “la dirección de la revolución mundial”, como aspiraba. No es de sorprender que, con un análisis de la realidad tan inadecuado y con unas bases sociales tan aisladas y débiles, el movimiento trotskista sufriera múltiples escisiones, todas ellas reclamando la herencia de la Cuarta Internacional o su “reconstrucción”. Una excepción parcial fue la corriente encabezada por Ernest Mandel, que con los años se convirtió en la fuerza dominante de la Internacional. En parte, lo consiguió al distanciarse bastante de los dogmas del trotskismo ortodoxo. Pero, al no romper con las premisas básicas de esta ortodoxia –sobre todo en su defensa de los “estados obreros”–, se relegó la centralidad de la clase trabajadora como motor de cualquier transformación. Así, se buscaban “nuevas vanguardias”, ya fueran los campesinos, las guerrillas o los estudiantes. Además, había un seguidismo acrítico a una serie de ‘salvadores’: Tito, Castro, Ho Chi Min, etc. (que no se debe confundir con la necesaria solidaridad activa con las luchas de los pueblos cubanos o vietnamitas, por ejemplo). Esta poca claridad sobre el papel de la clase trabajadora se refleja a veces en una tendencia a ver a los movimientos sociales como tales como el sujeto revolucionario, sustituyendo a la clase trabajadora en su conjunto. Al mismo tiempo, y quizás a raíz de esta confusión, hay una tendencia hacia la adaptación ideológica a los movimientos sociales.
La mayor flexibilidad y capacidad intelectual de la corriente asociada con Mandel ha significado que lo que hoy en día se conoce como la “Cuarta Internacional” se haya convertida en una de las principales corrientes trotskistas internacionales. Esto se ha conseguido abandonando la concepción tanto de los comunistas en 1919-1920 y de Trotsky sobre qué debe ser una Internacional: un partido revolucionario mundial. Hoy en día, la CI se compone de una serie de grupos y organizaciones, la mayoría bastante pequeños, que comparten unos principios básicos y una orientación más o menos común; grupos que gozan de bastante autonomía. Su sección más importante ha sido la francesa, hasta hace poco la LCR (hoy integrada en el NPA), que ejerce una fuerte hegemonía sobre la Internacional5. Uno de los ejemplos más actuales de la orientación más abierta de la CI hacia diferentes realidades políticas ha sido su apreciación muy correcta de la centralidad del movimiento altermundialista. Entre los puntos comunes entre la IST y la CI tenemos que ambas han dado una gran importancia tanto a la aparición del movimiento anticapitalista o altermundialista en los inicios de los años 2000 como a la construcción de una nueva izquierda vinculada con los movimientos y luchas sociales.
1.3. La IST.
Una vez rechazada su participación en la CI (o una de sus variantes), el grupo de Cliff mantuvo una posición formal en favor de la creación, en el futuro, de una nueva internacional, pero solamente en base a la existencia de, al menos, algunos partidos revolucionarios con autoridad política. Mientras, habían surgido ya en los setenta algunos núcleos de simpatizantes de las ideas del SWP en Alemania, Dinamarca, Grecia, Irlanda, etc. Aún así, no existían las bases para una corriente internacional como tal. La única organización con una cierta presencia y con unos orígenes más ‘locales’ era lo que sería después de 1977 la International Socialist Organization (ISO) en Estados Unidos.
Hasta los años ochenta, las relaciones internacionales del SWP fueron bastantes eclécticas, con organizaciones antiestalinistas de orígenes diversos. Por ejemplo, en el Estado español con Acción Comunista y la Organización de Izquierda Comunista, y después, aunque de una manera más limitada, con el Movimiento Comunista. Sin embargo, tales relaciones, con algunas excepciones, no llegaron a un acercamiento sólido y, ya a finales de los años ochenta, el SWP empezó a trabajar más conscientemente para la creación de una corriente internacional con la misma orientación política y teórica.
El colapso del muro del Berlín en 1989 abrió nuevas perspectivas para lo que sería la IST. La mayoría de grupos de la izquierda radical a duras penas pudieron explicar las razones del desplome del comunismo sin que las masas de estos países hicieran lo más mínimo para defender ‘sus’ estados. En este contexto, los núcleos simpatizantes con las ideas del SWP crecieron durante la década de los noventa y la IST como tal surgió como una corriente más definida.
Al principio, fue inevitable que la corriente estuviera dominada por el partido británico, dados sus orígenes. Por eso, cuando en 2001 la IST sufrió una crisis en sus relaciones con la otra organización más importante de la corriente, la ISO de EEUU, el partido británico tuvo un papel importante en el desenlace de la crisis. Hubo una división de opinión importante entre la mayora de grupos de la IST y la ISO sobre la naturaleza del nuevo movimiento altermundialista, además de críticas por parte de la IST hacia métodos calificados como sectarios de los compañeros estadounidenses. No obstante, no fueron estas importantes diferencias políticas las que finalmente provocaron la ruptura de la IST con la ISO, sino su decisión de excluir de sus filas a varios militantes simpatizantes con la posición mayoritaria de la corriente y su apoyo a una escisión en la organización griega de la IST.6
Con el tiempo y el crecimiento de algunos de las organizaciones de la IST, el papel del SWP se ha modificado dentro de la IST. Hoy en día, hay una coordinadora con representantes de las organizaciones más importantes y cada organización goza de bastante autonomía, a pesar del peso político que inevitablemente tiene el SWP dentro de la corriente. Hoy en día, raramente intenta la dirección del SWP intervenir en la vida de las demás organizaciones. Por ejemplo, en el caso de En lucha / En Lluita la última vez que tenemos constancia de un debate sobre nuestro grupo dentro del Comité Central (CC) del SWP fue en 1998 para parar los pies a un dirigente del partido británico que quería cambiar nuestra orientación y dirección. Otro ejemplo de esta falta de interferencia ha sido la decisión de En lucha / En Lluita de plantear su integración en Izquierda Anticapitalista. Ha sido un proceso plenamente autónomo, sin una intervención por parte del SWP.
La IST tiene grupos en una treintena de países, principalmente en Europa, pero con alguna excepción importante como Corea del Sur y Egipto. Algunos grupos de la IST, además del SWP, han adquirido un cierto peso en la izquierda radical. Sobre todo se han consolidado a través de la participación en el movimiento anticapitalista y antiguerra. En varios países (por ejemplo Grecia, Alemania, Corea del Sur, Turquía, Irlanda o Canadá), la IST fue clave par el desarrollo de estos movimientos, para los Foros Sociales Europeos e, incluso, para impulsar las grandes manifestaciones del 15 de febrero de 2003.
Al mismo tiempo, la IST ha defendido la importancia de la aparición de nuevas formaciones a la izquierda de la izquierda como consecuencia de la bancarrota de la socialdemocracia y del comunismo ortodoxo. Estas formaciones no son uniformes en absoluto, pero comparten que reúnen capas más amplias (a veces mucho más amplias) que la fuerzas de la izquierda revolucionaria.
Por ejemplo, en Corea del Sur y Alemania la IST trabaja dentro de partidos reformistas de izquierdas con una base amplia, como el Partido Laborista Coreano o Die Linke. En Alemania, los compañeros de la IST participan en una tendencia de la izquierda radical que funciona alrededor de la revista Marx21. Tienen una cierta influencia en algunas organizaciones locales de Die Linke e incluso tienen una diputada en el Parlamento. En Inglaterra y Gales, el SWP tuvo un papel central en la coalición Respect (ver más adelante) y en Irlanda en People Before Profit –coalición antineoliberal que tuvo un cierto éxito en las últimas elecciones municipales. En Escocia, la militancia del SWP participó en el Scottish Socialist Party, hasta su crisis y escisión en 2006.7
En otros países, los grupos de la IST participan en distintas formaciones anticapitalistas. En Grecia, la IST, el SEK, es la organización con más peso de la izquierda revolucionaria del país y forma parte de la coalición Antarysa. En Dinamarca, Internationale Socialister participa en la Alianza Roja y Verde. Los simpatizantes de la IST participan también en el NPA francés y Sinestra Crítica en Italia. En Brasil, el grupo de la IST, Revolutas, forma parte del PSOL. En Canadá, la organización de la IST es una de las organizaciones relativamente más importantes de la izquierda alternativa, con una actividad notable en los sindicatos y en el movimiento antiguerra. En Noruega, Holanda y Australia, los grupos del la IST, sin ser los grupos más grandes en sus respectivos países, tienen unos cientos de afiliados. En Europa del este, hay grupos en Polonia, la Republica Checa y Serbia.
En Egipto, los y las compañeras de la IST han tenido un papel central en la organización de la Conferencia del Cairo (Cairo Conference), que ha sido un foro importante en los últimos años de denuncia del imperialismo y el sionismo en Oriente Medio, así como para las crecientes luchas sociales en su país. En África, además de Egipto, desde hace tiempo existe un grupo de la IST en Zimbabwe que actúa en una situación sumamente difícil; también hay núcleos activos en Suráfrica, Ghana y Botswana. En Asia, hay grupos en Pakistán, Tailandia, Malasia e Indonesia.
2. Algunas características del SWP.
El SWP, y por asociación la IST, tiene unas ciertas señas de identidad que a veces son criticadas por otras tendencias por lo que es útil ir mas allá de la caricatura y comentar brevemente algunas de ellas.
2.1 Un partido marxista
El SWP y la IST basan su estrategia y visión política en el marxismo. Como muestra un mínimo conocimiento de la amplia literatura del SWP y sus afines durante los últimos cincuenta años (ver Sección 3 de este documento), no es una visión ni estática ni rígida.
De entrada, vale la pena remarcar qué consideramos que no es marxismo.8 En grandes líneas, hay cuatro interpretaciones erróneas del ‘marxismo’:
- La idea –promovida por sectores burgueses y derechistas, los medios de comunicación, etc.– de que el marxismo es algún tipo de ‘plan’ totalitario y los sistemas autodenominados ‘marxistas’ están aplicando esta ‘teoría’; sea Corea del Norte, la URSS, China, etc.
- El estalinismo, donde los textos son efectivamente ‘sagrados’ y se pueden citar sin contextualizar; es una visión donde el marxismo provee ‘las respuestas’ a todo tipo de problemas o realidades desde un método sumamente dogmático.
- El marxismo académico, donde el marxismo se convierte una filosofía más o menos útil pero que se separa de la práctica; a menudo dentro de esta manera de acercarse al marxismo se coge una ‘parte’ u otra, pero no es una teoría que tenga una visión global del sistema.
- El marxismo ecléctico: como reacción tanto al dogmatismo estalinista como al hecho de que parece evidente que el marxismo ‘no lo explica todo’, sobre todo los fenómenos sociales que han aparecido desde el siglo diecinueve, ha surgido la idea de que el marxismo es ‘una teoría mas’ entre varias teorías revolucionarias. Así, como en su versión ‘académica’, el marxismo solamente sirve para explicar el mundo parcialmente.
Obviamente, entre las interpretaciones mencionadas hay muchas matizaciones. Entre las propias organizaciones revolucionarias se encuentran elementos de la segunda, tercera y cuarta. El SWP entiende el marxismo como un método de análisis, una guía para la acción. Así, este método se aplica a la realidad concreta y se modifica en base a los cambios reales en un mundo que siempre está en transformación. No se trata de que el marxismo “no explica” tal o cual fenómeno, sino de aplicar el método a los problemas a los cuales se enfrentan los y las revolucionarias. Por ejemplo, Marx y Engels no dijeron nada sobre la liberación LGBT, pero no por eso llegamos a la conclusión de que el marxismo no puede decirnos nada sobre estas cuestiones, sino que hay que hacer un análisis de ellas desde una perspectiva marxista. En este sentido, y no en ningún sentido dogmático, el marxismo es una teoría globalizadora que provee de un método de análisis de la realidad en su totalidad. Al mismo tiempo, es importante insistir en que el marxismo no es una vara mágica; obviamente “no tiene la repuesta para todo”.
2.2 La opresión de las mujeres.
La IST defiende un análisis marxista de la raíces de la opresión de la mujer y, como consecuencia, una orientación que ve la lucha contra la opresión de las mujeres como una parte de la lucha por el socialismo.9 En contraste, la idea de la existencia de un patriarcado paralelo al sistema socioeconómico y las clases sociales está muy extendida entre, por contado, el movimiento feminista y, también, en la izquierda radical.
La existencia de un patriarcado separado del tipo de sociedad, sea capitalista, ‘socialista’ u otra, podría significar que la opresión de las mujeres no tiene una base material establecida en el desarrollo histórico, sino que estaría por encima de tales condiciones, quedando en el esfera de las ideas, aunque según Marx “el ser determina consciencia”, y no al contrario. Al aceptar que los estados estalinistas eran (o son) en alguna manera ‘socialistas’, refuerza la idea de que el patriarcado existe por encima de los sistemas socioeconómicos, dada la persistencia de la opresión de género en tales sociedades.
Por supuesto, no hay una sola teoría sobre la existencia del patriarcado. La versión materialista de esta teoría explica que tiene una base “material”, ya que todos los hombres se beneficiarían de tal opresión. Pero como marxistas miramos el contenido de las cosas y no solamente sus formas. Mientras que es evidente que actitudes sexistas represoras se encuentran a todos los niveles de la sociedad, la cuestión central es si realmente la mayoría de los hombres que forman parte de la clase trabajadora se beneficia objetivamente de que su clase esté dividida, con la mitad oprimida por la otra mitad.
Para los marxistas, los orígenes de la opresión de las mujeres tienen sus raíces en las divisiones en clases sociales surgidas hace miles de años. Obviamente, desde entonces se ha profundizado para convertirse en un elemento altamente represor, aunque mutando en los distintos sistemas sociales. Concretamente, con la llegada del capitalismo, la forma de familia que surgió al servicio del nuevo sistema está en el centro de la especificad de esta opresión en nuestra época. La eliminación del sistema de clases abre la posibilidad de la liberación de las mujeres, pero no lo garantiza. Por eso, la lucha contra la opresión de las mujeres debe ser una lucha central para el socialismo revolucionario, antes y después de la revolución.
La existencia del patriarcado implica unas consecuencias políticas muy claras, consecuencias que asume el movimiento feminista: que la lucha por la liberación de las mujeres es una lucha autónoma de la lucha por el socialismo. Por eso, la posición de la IST se interpreta a veces erróneamente, como si no reconociera la existencia de la opresión de las mujeres y, como consecuencia, no participara la lucha contra tal opresión. En realidad, tanto el SWP como los demás grupos de la IST participan, por ejemplo, en la lucha en defensa del aborto, para la igualdad de los salarios, el empleo de las mujeres, en contra de cualquier discriminación en base al género, tanto dentro de la sociedad como dentro del movimiento obrero y popular, y en la denuncia de la violencia machista. Mientras que en cualquiera de estas luchas son las mujeres quienes deben llevar el protagonismo a todos los niveles, la IST insiste también en el compromiso militante y activo de los hombres en tales luchas.
2.3 Construcción del partido.
La necesidad de organizarse políticamente, de construir un polo de atracción para la gente más combativa, es una de las lecciones más importantes de las múltiples experiencias de los movimientos revolucionarios durante los últimos 150 años. Por eso, el SWP da una importancia especial a la cuestión de la diseminación de sus ideas y de la afiliación.
En esta línea, el SWP siempre ha editado una amplia variedad de publicaciones: su semanario emblemático Socialist Worker, una revista mensual Socialist Review, una revista teórica trimensual International Socialism Journal, además de folletos y libros sobre una gran diversidad de temas. El SWP sigue la tradición del movimiento comunista de utilizar su prensa como puente para llegar a la gente.10 La prensa del partido funciona como un andamio: es una parte muy importante para la organización de la militancia. La venta de la prensa se ve como una manera para, no solamente diseminar las ideas del partido, sino para conectar con las personas alrededor del partido. Además, tiene como fin proponer a los lectores –tanto si son afiliados como si no– argumentos e información para ser activistas en la práctica.
El SWP tiene una política de afiliación abierta. Además, defiende la necesidad de pedir que la gente se afilie. Tal política abre las puertas no solamente a una minoría de activistas, también a capas más amplias de gente que no necesariamente tiene una experiencia militante pero quieren colaborar con la organización política. A veces, ha habido problemas con esta actitud tan energética sobre la política de afiliación –tanto en el sentido de afiliar gente que después desaparece bastante rápido (creando falsas esperanzas sobre el progreso y posibilidades del partido) como respecto a molestar a otros y otras activistas en espacios de actividad compartida. En los últimos años –como parte de una renovación más general sobre como funciona el SWP (ver más adelante)– se han modificado las formas en la política de la afiliación abierta. De todas maneras, no pedir la afiliación o buscar afiliados y afiliadas nuevas es mucho más negativo que cualquier problema causado por el entusiasmo militante. No renovar la afiliación es caer en el peligro del estancamiento y, peor aún, despreciar a la gente no organizada. Un partido revolucionario no se construye en base a la pasividad.
2.4 Democracia interna.
La ausencia de facciones permanentes y el hecho de que el SWP se autodefina como ‘leninista’ han dado pie a acusaciones sobre métodos y estructuras “autoritarios”. La realidad es muy diferente.11
Dado que un partido revolucionario no es una futura sociedad socialista en miniatura, no se puede separar la democracia interna del tipo de organización que se quiere construir. La democracia dentro de un partido revolucionario es necesaria para que el propio partido pueda relacionar su línea política con la realidad concreta constantemente. Al mismo tiempo, el partido tiene que ser capaz de reaccionar rápidamente y de manera unitaria. La democracia debe permitir el mayor nivel de discusión y el mayor nivel de unidad en la acción. Las facciones permanentes pueden significar institucionalizar las divisiones dentro del seno del partido e impedir la acción eficaz.
En la Cuarta Internacional sí se permiten las tendencias permanentes. La experiencia de esta forma de organización nos parece desigual. Por ejemplo, la sección británica de la CI en los años setenta, el International Marxist Group, llegó a tener una cierta presencia entre la izquierda radical del país (contaba con unos ochocientos militantes). Pero a finales de los años ochenta, las tres facciones permanentes que habían surgido durante los años anteriores se separaron en tres organizaciones diferentes. Hoy en día, la más grande de las tres apenas tiene cien afiliados. En contraste, la experiencia de la LCR francesa ha sido mucho más positiva. La existencia de tendencias permanentes parece haber sido una ayuda para profundizar en la construcción del nuevo proyecto del NPA.12
Creemos que la existencia de tendencias permanentes o su ausencia en un partido revolucionario están relacionadas con la naturaleza de cada organización. Por ejemplo, en un partido anticapitalista más amplio donde coincidan tendencias con trayectorias diferentes la mejor manera de garantizar una colaboración leal y constructiva sería reconocer las diferencias de una forma abierta.
Las facciones organizadas en el SWP pueden existir sólo durante los tres meses antes del congreso anual del partido, con todos los derechos de expresar sus ideas dentro de todos los organismos del partido: agrupaciones, asambleas locales y boletines internos. Pero la democracia interna no depende de la existencia de un debate permanente entre tendencias claramente definidas. Por eso, a pesar de no permitir facciones permanentes, hay una vida democrática bastante activa dentro del SWP. Además de celebrar un congreso anual, dos veces al año se celebra el consejo del partido con delegados de todas las agrupaciones, y cuatro veces al año se reúne el Comité Nacional –la dirección soberana entre congresos. Tanto el CN, de 50 personas como el Comité Central (dirección cotidiana de 12 a 15 personas) son elegidas por el congreso. Una idea de la participación en las estructuras democráticas del partido nos la dan los debates antes del último congreso (enero 2010). Los tres boletines internos precongresales sumaron 185 páginas con 112 contribuciones diferentes, de las cuales solamente once fueron escritas por el Comité Central.
No obstante, sería absurdo afirmar que la democracia interna en el SWP –como en cualquier organización revolucionaria– funciona perfectamente. Por ejemplo, a raíz de la debacle de Respect hubo una división bastante marcada dentro de la dirección del partido que desembocó en un debate mucho más profundo sobre todo el funcionamiento democrático del mismo durante los últimos años. Como consecuencia, el congreso de 2009 eligió una comisión para hacer propuestas sobre cómo mejorar la democracia interna y, en junio del año pasado, se celebró un congreso especial dedicado al tema. El resultado –además de un cambio de parte de la dirección– fue introducir toda una serie de medidas con la intención de aumentar la participación de la afiliación, mejorar las formas de debate y reforzar el papel del Comité Nacional.
2.5 Partido y movimientos sociales.
El SWP tiene una larga historia de participar y, en ocasiones, liderar muy diversas luchas, campañas y movimientos durante más de cuarenta años.
Para el SWP, la construcción del partido no se ve como una actividad paralela a sus intervenciones en las luchas y los movimientos sociales, ni como un substituto de tales intervenciones. La construcción de movimientos, campañas y espacios políticos lo más amplios posibles e inclusivos es clave, pero esto no significa que el partido pierda su identidad dentro de éstos o esconda en ellos sus ideas.
La política unitaria del SWP se centra en la táctica del “frente único” –la idea de encontrar la máxima unidad en la práctica sin que las partes del mismo tengan que perder su independencia política. La política del frente único no es, y no puede ser, una política uniforme; las características de cada frente único y de cada campaña son diferentes y dependen del contexto y posibilidades de cada uno.
Esta orientación no significa “negar la autonomía de los movimientos sociales” –esta autonomía existirá sin o con la participación de militantes de las organizaciones políticas–, sino entender que el partido no existe en un vacío; que tiene que ser parte de los movimientos y luchas mientras debe mantener su propia identidad e independencia política. La alternativa es sumergirse en los movimientos y adaptarse políticamente a ellos lo que, desde nuestro punto de vista, pone en cuestión las razones por las cuáles un partido revolucionario debe existir.
En la mayoría de los casos, los espacios más amplios donde opera el SWP, sea el caso o no de que el partido los haya iniciado, involucran a bastante más gente y colectivos. Hoy en día el SWP participa en una gran variedad de movimientos, campañas y espacios. Por ejemplo, Stop the War y Unite against Fascism son campañas muy amplias en las que el SWP ha tenido un papel fundamental en su creación y consolidación. Además, trabaja en Stop Academies (una campaña contra la privatización de la educación pública), la Abortion Rights Campaign, la Campaign Against Climate Change y la United Campaign Against Police Violence. Además, el SWP está promocionando una nueva campaña en la base de los sindicatos contra el paro, la Right to Work Campaign (que existió en otra forma a finales de los setenta); 900 delegados sindicales participaron en su primera asamblea en febrero de 2010.
La intervención en tal o cual espacio o campaña no es una cuestión desvinculada de cualquier análisis más general sobre la situación política sino una cuestión estratégica. No todas las campañas, e incluso movimientos, tienen la misma importancia todo el tiempo. La relevancia depende de la situación de la lucha de clases en su conjunto. Sobre todo, una organización relativamente pequeña tiene que tener prioridades claras. Tales prioridades están por encima del significado moral de tal o cual movilización o movimiento y dependen de las posibilidades políticas y su posición estratégica en la lucha a nivel más general; de ahí la necesidad de que un partido revolucionario sepa cambiar de rumbo, a veces con cierta rapidez. Si no es capaz de hacer esto, más que una organización de combate y un partido capacitado para intervenir en un mundo cambiante, se parecería más a una entidad inamovible o impermeable, en otras palabras: una secta.
Prácticamente el único campo de trabajo político que siempre es una prioridad para el SWP es el movimiento sindical, por ser el lugar de la organización colectiva más elemental de la clase trabajadora. El sindicalismo es un espacio muy determinado donde los revolucionarios y revolucionarias deben intervenir constantemente tanto en tareas muy básicas como la defensa y mejora de las condiciones laborales como para intentar incrementar el nivel de conciencia política de los y las trabajadoras. Obviamente, tal orientación tiene un sentido muy marcado en un país como Gran Bretaña donde el movimiento sindical tiene una fuerza importante.
2.6 La crisis de Respect.
Desde hace tiempo la IST reconoce la centralidad de construir alternativas políticas más amplias a la socialdemocracia y al socioliberalismo. El auge de los movimientos altermundialista y antiguerra ha permitido que tales iniciativas prosperasen en varios países europeos con distintos niveles de éxito. No tenemos un modelo predeterminado sobre cómo debe ser tal alternativa; dependerá de las circunstancias concretas de cada país. Además, el tipo de formación política y el contexto en el cual se actúa deben determinar la manera que los y las revolucionarias intervengan.
Entre las distintas formaciones que han surgido en años recientes hay modelos tan diferentes como Die Linke en Alemania, un partido amplio y reformista radical, el NPA en Francia, un partido anticapitalista con un programa revolucionario, y Respect en Inglaterra y Gales, una alianza electoral, caracterizada por el SWP como “un frente único de tipo especial”.
Esta caracterización se aplicó a Respect, aunque no necesariamente a otras experiencias, dado que estuvo basado en una coalición de fuerzas muy peculiares que reflejaba la situación de la izquierda y el movimiento antiguerra en el momento de su formación. Respect consiguió agrupar, aunque no exclusivamente, a activistas antiguerra, militantes de la izquierda radical, sectores progresistas de organizaciones musulmanas y algún elemento que había roto con el laborismo. Algunos de los simpatizantes de la coalición se pudieron caracterizar como pertenecientes a varios de estos sectores a la vez.
El SWP dentro de Respect, además de tener un papel central, mantuvo su propia independencia política. Por ejemplo, defendió la intervención de la coalición en el Gay Pride de 2007 o la necesidad de orientarse más al movimiento sindical –dos temas en los cuales se distanció de algunos sectores con quienes iba a entrar en conflicto en el otoño de 2007.
El SWP ha sido acusado del colapso de la coalición Respect. No vamos a repetir aquí nuestra visión de las razones de la crisis de Respect13, pero vale la pena hacer algunas observaciones adicionales. Sobre todo, la rapidez del surgimiento de la crisis dejó en evidencia unas divisiones muy profundas sobre la orientación y naturaleza del proyecto. Tal división puso en duda la idea de que todo se redujo a una maniobra del SWP para mantener su supuesto control en la coalición. Además, a pesar de todas declaraciones triunfalistas de ciertos sectores sobre la potencialidad de Respect, sin el SWP la coalición no se ha convertido en una alternativa de izquierdas con más peso –más bien al contrario– ni mucho menos en un “partido anticapitalista”.
Tampoco la crisis de Respect ha causado grandes estragos dentro el propio SWP; más bien, como se ha explicado, la situación interna provocada por la debacle de la coalición generó un debate muy fructífero dentro sus filas sobre la democracia. Unos 20 afiliados abandonaron el partido en 2007 a raíz de la crisis. Además, cuatro afiliados que tuvieron un papel destacado en la coalición fueron expulsados del SWP cuando se alinearon públicamente con la otra parte de Respect y en contra de su propio partido.
A pesar del daño relativo hecho por el colapso de Respect y los problemas que esta situación causó, el SWP sigue siendo la organización con más peso de la izquierda radical británica. Una organización con la que habrá que contar en cualquier proyecto serio de construcción de una izquierda alternativa más amplia en Inglaterra. En las próximas elecciones nacionales (mayo 2010) el SWP participará en la Trade Unionists’ and Socialists’ Coalition (TUSC) con otras fuerzas de la izquierda y destacados activistas sindicales.
3. Para leer
Un documento así solamente comenta por encima algunos aspectos de la herencia política del SWP y de la IST. Una selección de los escritos más relevantes de la corriente están traducidos al castellano (algunos al catalán); casi todos se pueden encontrar, con otro material, en la página Web de En Lucha / En Lluita: http://www.enlucha.org/. Entre ellos recomendamos:
| Alex Callinicos: |
Estados Unidos: Imperialismo y guerra. Las ideas revolucionarias de Karl Marx (libro). 1989, Europa del Este: una explicación de lo sucedido. Racismo y Clase. Un manifiesto anticapitalista (libro). |
| Tony Cliff: |
El capitalismo del Estado en la URSS (libro). Marxismo y revolución en el “tercer mundo”. Rosa Luxemburg. Trotskismo después de Trotski. |
| Mike González: |
Chile 1972-1973: Revolución y contrarrevolución. Cuba: ¿Adónde fue la revolución? |
| Chris Harman: |
Antonio Gramsci: socialista revolucionario. Cómo funciona el marxismo. Islam, imperialismo y resistencia. La clase trabajadora en el siglo XXI. La locura del mercado. La nueva crisis del capitalismo. Mayo del 68: cuando otro mundo fue posible. Mujer y capitalismo. Partido y clase. |
| John Molyneux: | ¿Cuál es la tradición marxista?. |
Entre los libros más recientes editados por la IST en inglés y otros idiomas recomendamos:
| Alex Callinicos: | Imperialism And Global Political Economy (2009). |
| Joseph Choonara: | Hunger In A World Of Plenty: What's Behind The Global Food Crisis (2008). |
| Unravelling Capitalism: A Guide To Marxist Political Economy (2009). | |
| Tony Cliff: | International Struggle And The Marxist Tradition (escritos) (2001). |
| Marxism At The Millennium (2000). | |
| Marxist Theory After Trotsky (escritos) (2003). | |
| Martin Empson: | Marxism And Ecology: Capitalism, Socialism & The Future Of The Planet (2007). |
| Lindsey German: | Material Girls: Women, Men And Work (2007). |
| Sex, Class And Socialism (1998). | |
| Mike Gonzalez: | Che Guevara And The Cuban Revolution (2004). |
| Chris Harman: | A People's History Of The World (1999). |
| Marxism And History (1998). | |
| Revolution In The 21st Century (2007). | |
| Zombie Capitalism: Global Crisis And The Relevance Of Marx (2009). | |
| Mike Haynes: | Russia - Class & Power 1917-2000 (2002). |
Además, recomendamos el cuaderno trimensual International Socialism, editado desde 1960 y que contiene ensayos y artículos bastante extensos sobre todos los aspectos de la situación política, social y económica actual: http://www.isj.org.uk/ Entre mucho material reciente se puede consultar:
Chris Harman, “Not all Marxism is dogmatism (reply to Michel Husson)” nº 125 winter 2010.
Chris Harman, “Althusser: the emperor has no clothes” nº 125 winter 2010.
Jane Pritchard, “The sex work debate” nº 125 winter 2010.
Paul Blackledge, “Marxism and Anarchism” nº 125 winter 2010.
John Molyneux, “On party democracy” nº 124 autumn 2009.
Joseph Choonara, “Marxists accounts of the crisis” nº 123 summer 2009.
Jane Hardy, “Migration, migrant workers and capitalism” nº 122 spring 2009.
Chris Harman, “The slump of the 1930s and the crisis today” nº 121 winter 2009.
Bill Dunn, “Myths of globalisation and the new economy” nº 121 winter 2009.
Francois Sabado and Panos Garganas, “Viewpoints on the European radical left” nº 121 winter 2009.
Alex Callinicos, “Where is the radical left going?” nº 120 autumn 2008.
John Molyneux, “More than opium: Marxism and religion” nº 119 summer 2008.
Carlo Moreli, “Behind the world food crisis” nº 119 summer 2008.
Charlie Hore, “China’s growth pains” nº 118 spring 2008.
Alex Callinicos and Chris Nineham, “At an impasse? Anti-capitalism and the social forums today” nº 115 summer 2007.
Antoine Boulangé and Jim Wolfreys, “France at the crossroads” nº 115 summer 2007.
Colin Wilson, “LGBT Politics and Sexual Liberation” nº 114 spring 2007.
Neil Davidson, “Scottish Independence” nº 114 spring 2007.
Daniel Bensaïd, “The return of strategy” nº 113 winter 2007.
Roland Denis, “Venezuela: movement and government” nº 110 spring 2006.
Gareth Jenkins, “Marxism and terrorism” nº 110 spring 2006.
Chris Harman, “China’s economy and Europe’s crisis” nº 109 winter 2006.
Chris Nineham, “Anti-capitalism and the return of politics” nº 109 winter 2006.
Mike Gonzalez, “Bolivia: the rising of the people” nº 108 autumn 2005.
Charlie Kimber, “Aid, governance and exploitation” nº 107 summer 200.5
Paul McGarr, “On the road to catastrophe: capitalism and climate change” nº 107 summer 2005.
Chris Harman, “Spontaneity, strategy and politics” nº 104 autumn 2004.
Ji Giles Ungpakorn, “NGOs: enemies or allies?” nº 104 autumn 2004.
Mike Gonzalez, “Venezuela: many steps to come” nº 104 autumn 2004.
Antoine Boulangé, “The hijab, racism and the state” nº 103 spring 2004.
Chris Harman, “The rise of capitalism” nº 103 spring 2004.
Lindsey German, “Women’s liberation today” nº 102 winter 2003.
John Rees, “Socialism in the 21st century” nº 100 autumn 2003.
Notas
1. Sobre las aportaciones y relevancia de Trotsky, desde el punto de vista de la IST, se puede consultar el folleto ‘Trotski: vida e ideas de un revolucionario’ y los libros ‘Trotsky’s marxism’ (1979) de D. Hallas y ‘Trotsky’ (4 tomos, 1989-1993) de T. Cliff.
2. La posición de Trotsky se resume mejor en ‘El programa de transición para la revolución socialista’ escrito en 1938.
3. L. Trotsky, ‘The founding of the Fourth International’, 18 de octubre de 1938, ‘Writings of Leon Trotsky 1938-39’ (Nueva York, 1974), p87.
4. Sobre las posiciones de Cliff después de la muerte de Trotsky ver ‘El trotskismo después de Trotski’ y ‘Marxismo y revolución en el Tercer Mundo’.
5. Sobre la historia de la CI ver: ‘Historia de la Cuarta Internacional’ (1977) de P. Frank y ‘Trotskismos’ (2007) de D. Bensaïd.
6. Para más información ver: ‘The Anticapitalist Movement and the Revolutonary Left’ (2001) de A. Callinicos.
7. Sobre la crisis del SSP y papel de la IST ver el apéndice de ‘La izquierda británica en la encrucijada: la crisis de Respect’ http://www.enlucha.org/?q=node/778
8. Una introducción bastante completa de cómo el SWP ve el desarrollo del pensamiento marxista es: ¿Cuál es la tradición marxista? de J. Molyneux.
9. Entre otras fuentes que resumen la posición marxista sobre al opresión de las mujeres se puede consultar: Mujer y capitalismo de C. Harman y ‘Theories of Patriarchy' de L. German http://www.isj.org.uk/?id=240
10. Para una visión histórica de la prensa revolucionaria y su papel durante los últimos doscientos años ver ‘The revolutionary paper’ (1991) de C. Harman.
11. Sobre el leninismo del SWP ver ‘Partido y clase’ de C. Harman y I. Birchall ‘Vladimir Lenin’ (En lucha, 2009);, ‘Lenin’ (4 tomos, 1975-1976) de T. Cliff, y ‘On party democracy’ (International Socialism Journal nº 124 autumn 2009) de John Molyneux.
12. Alex Callinicos, ‘Where is the radical left going?’ International Socialism Journal nº 120 autumn 2008.
13. Ver ‘La izquierda británica en la encrucijada: la crisis de Respect’ http://www.enlucha.org/?q=node/778
En Lucha / En Lluita – Marzo 2010.


















