Crecen las luchas en Grecia

Las cosas se mueven en Grecia. Tras la contundente huelga de trabajadores del sector público llevada a cabo el pasado 10 de febrero, todos los trabajadores griegos —tanto los del sector público como los del privado— fueron a la huelga general el 24 del mismo mes.

Apenas han pasado cinco meses desde que el socialdemócrata Georgios Andrea Papandreou llegó al poder prometiendo medidas sociales para afrontar la crisis, y ya le ha dado tiempo de romper completamente sus promesas anunciando un plan de medidas descaradamente antisociales: recortes salariales de amplio alcance, aumento progresivo de los impuestos, congelación de salarios del funcionariado, reducción de las indemnizaciones, retraso de la edad de jubilación, aumento del precio de los combustibles, reducción de puestos de trabajo del sector público, etc.

Este giro neoliberal pretende revertir el déficit del Estado y satisfacer las demandas de los banqueros, quienes aseguran que Grecia se quedará sin fondos y sin crédito a no ser que su gobierno reduzca el peso del sector público y obligue a los trabajadores a aceptar grandes recortes en su nivel de vida. Parece ser que el gobierno ya ha de pagar un 7,3% de intereses —hace sólo un año era un 5,5%— para conseguir crédito de la banca, y el dinero recaudado mediante este “plan de austeridad” irá muy bien para pagar la creciente deuda. En otras palabras, si los banqueros deciden que el gobierno griego no está precarizando lo suficiente a los trabajadores, lo dejarán en la estacada, y eso después de los millones de euros que el mismo gobierno ha inyectado al sistema bancario.

El chantaje ha surtido efecto y la Unión Europea ha empujado al gobierno de Atenas a lanzar su programa de precarización, explicándonos a todos que los trabajadores griegos tendrán que hacer un sacrificio para que el desastre no se expanda por toda Europa. Grecia, el eslabón débil de la Unión Europea, puede convertirse así en el campo de pruebas para los proyectos que se desplegarán más tarde a lo largo y ancho del viejo continente. Pero muy a pesar de los que pretenden beneficiarse de estos proyectos, los trabajadores griegos no parecen dispuestos a quedarse de brazos cruzados mientras alguien desde arriba juega con sus vidas.

Lo cierto es que a finales del año pasado, los sindicatos se oponían al movimiento huelguista e incluso trataban de aislarlo, pero la presión de las bases se ha vuelto tan poderosa que la burocracia sindical no ha tenido más remedio que ceder y actuar como debería. La fuerza y los resultados de la pasada huelga del sector público han obligado a los líderes sindicales a convocar la huelga general del 24 de febrero. Se estima que más del 80% de los convocados no acudieron a sus puestos de trabajo y hubo manifestaciones masivas de punta a punta del país; algunas acabaron en enfrentamientos directos con la policía antidisturbios, que empezó a disparar gas lacrimógeno contra la multitud.

La lucha de clases se está intensificando al otro lado del Mediterráneo y los trabajadores griegos están preparados para luchar. Aquí, en el Estado español, debemos aprender de los movimientos que alcanzan tal nivel de resistencia, analizarlos y tomarlos como ejemplo para nuestras luchas. El Estado español es uno de los primeros candidatos de la Unión Europea a sufrir los ataques del capitalismo herido por la crisis, y estos ataques, como siempre, se cebarán con las capas más bajas de la sociedad. Así pues, apliquemos el refrán y pongamos nuestras barbas a remojar.