Elecciones y revolución en Egipto

En Lucha. Las elecciones egipcias y el juicio a Mubarak han vuelto a poner a Egipto en el punto de mira de los medios de comunicación. Sin embargo, pocas son las voces en el mainstream que profundicen realmente en lo que está sucediendo de nuevo en Tahrir y en Egipto en general.
La revolución egipcia ha entrado en una nueva fase. Toda la potencialidad y los problemas del movimiento revolucionario se han vuelto a ver en Tahrir esta semana. Centenares de miles de personas han vuelto a salir a las calles de Egipto en contra del veredicto del juicio contra el dictador Mubarak, en el cual éste ha sido condenado a cadena perpetua, pero ha absuelto a la familia Mubarak y a los policías responsables de las matanzas contra los y las manifestantes durante enero y febrero del 2011, así como de décadas de corrupción y terror.
Así pues, el pueblo ha vuelto a tomar la plaza y las calles, justo en el momento en que los generales de la SCAF (Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas) pensaban que habían conseguido frenar el movimiento de cambio. En efecto, los resultados electorales de la semana pasada se han saldado con el enfrentamiento de cara a la segunda vuelta entre el candidato de la SCAF Ahmed Shafiq y el candidato de los Hermanos Musulmanes, Mohamed Mursi. La victoria de Shafiq, el 16 o 17 de junio, representaría la restauración de la dictadura. El tercero en la primera ronda fue el candidato de izquierdas, Hamdeen Sabbahi, cuyo voto, masivo en las ciudades egipcias, proviene mayoritariamente de los y las trabajadoras y las clases populares urbanas: la misma gente que ha vuelto a ocupar las plazas de las ciudades egipcias al grito de “Nunca retrocederemos” –hacia el viejo régimen– en referencia a la posible victoria de Shafiq.
Activistas han convocado una “Semana de la Rabia”, con marchas desde las casas de l@s mártires de la revolución, a manos de la policía, del ejército y de los matones. Los recientes acontecimientos en el proceso revolucionario son fruto de una mezcla de rabia y esperanza. Son una expresión del malestar, al mismo tiempo que una demostración del poder del pueblo. Las masas insisten en la idea de que nadie robará su revolución. Con la SCAF determinada en ver a su hombre en el palacio presidencial, y en reinstaurar el status quo, la clase trabajadora egipcia necesitará recurrir a toda su voluntad y toda su inteligencia para continuar el proceso revolucionario abierto hace un año y medio.
Lo que está sucediendo en Egipto es una lección viva que nos demuestra que las revoluciones no son una vuelta de página, sino un camino repleto de obstáculos, de giros y de posibilidades, en el cual por encima de todo la mayoría de la sociedad se vuelve protagonista de la Historia y la clase dirigente recurre a todos y cada uno de los engranajes del Estado para mantenerse en el poder.
Y todo ello está pasando en un momento en que la amenaza del rescate pende sobre el Estado español, en que las elecciones en Grecia del 17 de junio se presentan en el horizonte como un punto de inflexión y en que, en definitiva, el fantasma de la crisis, de la deuda y del cambio social recorren Europa y el mundo entero.
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