“En Egipto no hay motivo para no ser optimista”
Hace un año que estalló la revolución en Egipto. El blogger y cineasta, Marc Almodóvar, ha pasado muchos meses en medio de las luchas en el país del Nilo. Aquí nos explica el estado actual de la revolución.
Últimamente, Egipto ha vuelto a vivir días de dura represión. ¿Puedes resumir qué ha pasado?
El proceso electoral impulsado por los militares a principios de diciembre consiguió algunos de sus objetivos: occidente aplaudía la farsa mientras las fuertes protestas contra la junta militar se deshinchaban. Solo se mantenía con cierta fuerza la protesta #OccupyCabinet ante el edificio del consejo de ministros. Allí se pretendía impedir que unos ministros, que ya sirvieron bajo el régimen de Mubarak, tomasen posesión de sus cargos.
Los recientes enfrentamientos, con cientos de heridos y una decena larga de muertes, parece ser que empezaron cuando la policía apalizó brutalmente a un hincha del equipo de fútbol Ahly (miembro de los altamente politizados Ultras UA07) y poco más tarde desalojó brutalmente la calle. Lo que más indignó, por eso, fueron los ataques a mujeres revolucionarias y, por encima de todo, las mentiras de un régimen que —igual que hizo Mubarak— niega el uso de armas cuando los videos y las muertes por fuego real lo demuestran claramente.
Hace años que las luchas obreras son un factor importante en Egipto. ¿Cómo se están desarrollando ahora?
Uno de los objetivos de los jóvenes revolucionarios es repetir las huelgas generales que hicieron caer a Mubarak en febrero. Falta aún cierta coordinación en este sentido, aunque se ha avanzado mucho con la creación de las primeras federaciones de sindicatos independientes y la reforma parcial de la federación estatal. Hay muchas protestas aisladas y una lucha relativamente potente por la renacionalización de las fábricas privatizadas en los tiempos de Mubarak.
A finales de los 90 —en un mandato anterior de Kamaal Ganzouri, el ‘nuevo’ primer ministro— se privatizaron unas 120 fábricas, un tercio de lo que se vendió en la época Mubarak a instancias del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Las luchas obreras por la renacionalización tocan un punto clave. Debemos tener en cuenta que el ejército tiene en sus manos, directa o indirectamente, cerca de un tercio del PIB del país. El problema en Egipto no es el poder político, que los militares están dispuestos a traspasar, el problema es su poder económico.
Los partidos islamistas han ganado las elecciones. ¿Qué implica esto?
La victoria de los Hermanos Musulmanes y el ascenso salafista son fruto de su mejor organización, construida ésta sobre las miserias del régimen Mubarak: las redes asistenciales de los Hermanos o los salafistas llegaban donde no llegaba el Estado. Su victoria no tiene porqué significar una islamización del país que por ahora parece aún lejana. Está por ver, primero, si el islamismo político responde a las necesidades del pueblo, y, segundo, si las aún jóvenes formaciones laicas y revolucionarias son capaces de crecer en un entorno que es muy favorable a sus principales lemas, pero que todavía las desconocen y, por tanto, desconfía de ellas.
También tendremos que ver cómo resisten los Hermanos sus cada vez más numerosas luchas internas. Algunas facciones ya se han escindido e incluso parte de su juventud, muy cercana a la revolución, ha participado en una candidatura mayoritariamente de izquierdas.
De momento las formaciones islamistas no paran de afirmar que poco o nada cambiarán, aunque muchos desconfían de su palabra. Los Hermanos Musulmanes han asegurado que no tocarán los acuerdos con Israel ni entrarán en grandes reformas económicas. Incluso el principal líder del partido salafista Nour dice lo mismo.
¿Cuál es el papel de los diferentes sectores de la izquierda egipcia?
Es evidente que el discurso revolucionario actual está construido básicamente por la izquierda, aunque también por alguna formación liberal e incluso islamista.
La izquierda egipcia se dividió en las elecciones: una mayoría optó por la abstención y una minoría participó apoyando, principalmente, las listas de La Revolución Continua. Parece que la llamada desde la izquierda a la abstención ha tenido poca incidencia. Por otro lado, las candidaturas de izquierdas han obtenido algunos resultados respetables; en el distrito electoral 2 de Alejandría llegaron a ser la tercera fuerza, por ejemplo. Pero el país es enorme y requiere mucho tiempo y trabajo llegar a todos lados.
Los discursos de izquierdas y sobre todo su lenguaje, son muy nuevos para mucha gente y requiere tiempo educarlos. La izquierda, perseguida por el régimen durante décadas, está justo ahora renaciendo de manera organizada y están por ver los resultados de este proceso.
¿Eres, en general, optimista o pesimista respecto al futuro de Egipto?
Los egipcios siempre nos sorprenden, y casi siempre para bien, así que no hay motivo para no ser optimista. Lo de los militares creo que es cuestión de tiempo. Deben y debemos tener claro, eso sí, que el camino será largo y evidentemente nada fácil, pero hay posibilidades de tirar hacia adelante.
No podemos creer que 18 días en Tahrir bastasen para hacer caer un régimen con 30, o si me apuras, 50 años en el poder. La vorágine de la revolución, que te engulle en una montaña rusa emocional, impide ver que se han logrado grandes avances más allá de la caída del dictador. Si uno compara un calendario de movilizaciones con el del alcance de estos logros, ve claramente que es la fuerza de la calle la que ha logrado esas victorias. Por eso creo que debemos tener esperanza y paciencia.
El papel de las mujeres
¿Puedes explicar cómo ha cambiado el papel de las mujeres en Egipto gracias a la revolución?
Ahora estamos viviendo un momento muy interesante en lo que se refiere a los movimientos de mujeres. Y quizás debemos ‘agradecer’ a la brutalidad militar el haberlo despertado.
Las brutales imágenes de soldados pateando y arrastrando a una mujer, cuyo torso quedó semidesnudo debido a la violencia, han dado la vuelta al mundo y han indignado a la población egipcia. Miles de mujeres han salido a la calle a gritar, en manifestaciones de género, por la dignidad de sus compañeras. Las mujeres gritan que serán ellas quienes recuperen la revolución “secuestrada por los militares” y repiten las consignas gritadas por las trabajadoras de Mahala años atrás, cuando gritaban “aquí estamos las mujeres, ¿dónde están los hombres?”.
Podríamos estar viviendo el nacimiento de un movimiento propio, incluso desde una perspectiva occidentalo-céntrica podríamos definirlo de feminista, ya que es un movimiento que anteriormente no se expresaba de esta forma.
Las mujeres han jugado un papel destacado en la revolución desde el principio. Marchas de mujeres se han realizado desde enero, pero ésta es la primera vez que adoptan este tono y este enfoque de género tan interesante. Pero tampoco podemos olvidar que la primera reacción se vivió después de los brutales abusos sexuales, cometidos por militares contra jóvenes manifestantes, que el régimen bautizó con el cínico eufemismo de “pruebas de virginidad”. Las marchas de los últimos días recordaban esos incidentes y han forzado las palabras militares de que éstas se investigarían, nueve meses después. Veremos de qué forma.
Veremos también hacia dónde nos llevan estas marchas y este nacimiento de un proceso interesante de género. Los frutos recogidos a día de hoy son escasos —aunque también es verdad que lo son a todos los niveles— pero las mujeres egipcias han vuelto a demostrar, una vez más, la absurdidad del paternalismo occidental y han demostrado andar a kilómetros de distancia de él.


















