El Contrapunto | La OTAN, la verdadera amenaza
Manu Simarro, explica en el papel de la OTAN y la lucha de los movimientos sociales en la última contra-cumbre.
La OTAN escenifica el ancestral ritual imperialista por el cual la Unión Europea nos subordina a los intereses de EEUU, representados esta vez por Obama. Éste propuso el envío de más tropas a Afganistán y cedieron sus aliados europeos, entre ellos el Estado español, el séptimo contribuyente con 60 millones de euros anuales. ZP ya se ha comprometido a enviar alrededor de 520 nuevos efectivos con la excusa de la celebración de las elecciones el mes de agosto, un cuerpo de la Guardia Civil para formar un cuerpo paramilitar de la policía afgana y más de 9 millones de euros para sufragar la formación del ejército afgano.
La OTAN sigue viendo, tras la desaparición del bloque soviético, enemigos por todas partes: terrorismo islámico y piratería africana. Sus objetivos militares se centran allá donde proliferan estos fenómenos: algunos territorios de Pakistán, Afganistán, Irán o los mares somalís. El enemigo más potente es Rusia, aun cuando el objetivo es establecer relaciones cordiales. Los hechos desmienten las palabras. Las relaciones bilaterales entre el Kremlin y la Casa Blanca no obtienen demasiados éxitos. Lo demuestran hechos como el despliegue de un escudo antimisiles cerca de la frontera rusa o el conflicto del verano pasado en Georgia.
La cumbre cerró con la elección del primer ministro danés, Rasmussen, como futuro secretario general de la OTAN, con la oposición de Turquía debido a la polémica de las caricaturas de Mahoma. “No es un hombre de paz”, declaró Erdogan en un brillante ejercicio de ironía. No va mal encaminado. Rasmussen es conocido por sus políticas liberales y el apoyo a la política exterior de otro gran genio del humor: George W. Bush. En la declaración final, la OTAN se reafirma en sus pretensiones: “estamos preparados para intervenir en cualquier latitud porque nuestra seguridad está cada vez más vinculada a otras regiones” y estamos “dispuestos a renovar la alianza para hacer frente a las amenazas de hoy y anticipar los peligros de mañana”.
La verdadera amenaza es la OTAN, que 60 años después sigue militarizando las relaciones entre pueblos y personas y teniendo la intención de perpetuarse. Múltiples informes desacreditan la intervención en Afganistán, aun estando amparada por la ONU y sabemos que sólo ha servido para militarizar y mantener los intereses geoestratégicos en la zona. La OTAN incrementa el peligro de nuevas guerras y es una amenaza real a la democracia. Así lo demuestra el apoyo de la OTAN a la dictadura neofascista de Portugal o a la dictadura de los Coroneles en Grecia. Representa el 67% del gasto militar mundial y es la principal responsable de la proliferación de la industria de armas. Ha demostrado ser el brazo armado de los países desarrollados que defienden sus riquezas obtenidas a base de expoliar a aquellos que ahora las reclaman.
Con el 15% del gasto militar mundial anual durante 25 años se erradicaría el hambre en el mundo; es cuestión de voluntad política, de prioridades en la agenda. Cuando uno escucha cosas así, no puede más que indignarse y pasar a la acción en un gesto de concienciación colectiva. ¡Hay que plantar cara! Así lo hicimos alrededor de una cincuentena de activistas catalanes que fuimos a Estrasburgo para participar en la contra-cumbre en representación de la campaña “No a la OTAN, No a la Guerra”. Y es que no tenemos nada que celebrar. De la contra-cumbre me gustaría remarcar dos aspectos: el primero tiene que ver con todo lo relacionado con el campamento. En éste pasas de soñar otro mundo a vivirlo, y te das cuenta que vivir con solidaridad y autogestión es posible. Gente de 30 países diferentes compartiendo una misma visión: un mundo en paz y sin violencia. ¿Y qué mejor que luchar por él que llevándolo a la práctica?
La segunda es que asistió tanto al campamento como a la manifestación —las conferencias no les interesan— el bloque negro. Éste, bastante numeroso, está formado por gente de edad temprana que se camufla entre los manifestantes pacíficos y aprovecha para, haciendo uso indiscriminado de la violencia, realizar sus sueños de apedrear edificios, saquearlos y quemarlos. No sólo actúan de manera autónoma sino que lapidan cualquier pretensión colectiva, compartida por la mayoría de los presentes, de convertir la no-violencia en un motor de transformación social. Y así lo demostró un bloqueo no-violento que evitó la entrada de los miembros de la OTAN a la cumbre durante hora y media. Aun así, la policía provocó las actuaciones con tal de criminalizar el movimiento y justificar el despliegue policial. Impidieron el paso a los manifestantes que se dirigían del campamento a la manifestación, permitieron, y me atrevería a decir que impulsaron con infiltrados, la quema de edificios y llevaron la manifestación hacia un callejón sin salida donde hubo una batalla campal, con más de 450 detenidos.
Después de Estrasburgo hace falta definir una estrategia para los próximos meses, y seguir discutiendo las alternativas a la OTAN para preparar acciones a largo plazo. Entre los retos que afronta la campaña internacional se encuentran los de aislar a los movimientos violentos anti-asamblearios y hacer una mejor difusión de las acciones que se llevarán a cabo. Una buena oportunidad para tejer un movimiento masivo puede ser la presidencia de turno del Estado español de la Unión Europea y las respectivas cumbres que se celebrarán en alguna de las capitales.
Manu Simarro participó en la contra-cumbre de Estrasburgo, es activista anticapitalista y miembro de Joves Activistes











