La nueva izquierda en Europa y su repercusión aquí

Documento sobre la nueva izquierda en Europa de la Asamblea Estatal de En lucha/En lluita 2009. Como grupo llevamos años defendiendo un análisis muy específico, y al mismo tiempo flexible, sobre lo que significa la nueva izquierda. La combinación del movimiento internacional surgido a raíz de los acontecimientos de Seattle en 1999 con el viraje de la socialdemocracia hacía el neoliberalismo, ha permitido abrir un nuevo espacio político.

Si hace unos años este planteamiento era un análisis que tenía aspectos hipotéticos, hoy está absolutamente confirmado por el desarrollo de los hechos. Sin embargo, como hemos repetido muchas veces, la coyuntura específica de cada estado y la trayectoria histórica de sus fuerzas de izquierda han condicionado cada experiencia. De esta forma, uno de los casos más paradigmáticos de reagrupamiento para nosotr@s, Respect –liderado por nuestr@s compañer@s británic@s del SWP–, colapsó hace ya dos años , mientras que en el caso de Francia o Alemania, las nuevas formaciones: Nouveau Parti Anticapitaliste (NPA) y Die Linke (La Izquierda) parecen no apearse de una trayectoria más o menos ascendente. Las características de las formaciones o iniciativas de esta nueva izquierda surgidas a la izquierda de la socialdemocracia y de los partidos post-estalinistas distan mucho de ser homogéneas, y proyectan todo un abanico de diferentes trayectorias, no sólo para la izquierda radical de cada estado, sino también para los partidos socialdemócratas nacionales –cuyo viraje hacia la derecha es la base para el crecimiento del apoyo social de esta nueva izquierda. Hay una tendencia general de fondo, pero diferentes ritmos y configuraciones en función del lugar que estemos analizando.

Como revolucionarios, percibimos que estas nuevas formaciones responden a tres necesidades: por un lado frenar la deriva de derechización de las políticas gubernamentales y el retroceso en las conquistas sociales ocasionado por el impacto del neoliberalismo; por otro, desafiar la hegemonía histórica de la socialdemocracia sobre el movimiento obrero a través de una alternativa claramente a su izquierda; y por último, enmarcar aquellas tendencias revolucionarias en un espacio más amplio, que les permita conectar de forma masiva a través de la construcción de luchas –también electorales–, con un estrato social más o menos hostil al modelo capitalista pero desmarcado ideológicamente de una apuesta clara por el socialismo y el marxismo. El grado de relación y éxito de la influencia de l@s revolucionari@s en estos espacios amplios de carácter antineoliberal o anticapitalista está de nuevo condicionado por la coyuntura y característica de cada proceso concreto, y por la envergadura de la misma izquierda revolucionaria. Sin embargo, entendemos que en la mayoría de los casos, las posibilidades de construcción de organizaciones revolucionarias en el siglo XXI pasan ahora mismo por la participación sin ambages en estas experiencias de izquierda amplia.

Los resultados electorales obtenidos en Alemania y Portugal en las elecciones legislativas celebradas recientemente demuestran que la potencialidad de la nueva izquierda es altísima. Tanto en el caso de estos dos países como en el de Francia, las nuevas formaciones de la izquierda están a punto o han rebasado ya el apoyo electoral de los partidos post-estalinistas. El apoyo electoral no implica necesariamente hacerse con el control y la fidelización ideológica eterna de todos los votantes, pero teniendo en cuenta el nefasto papel que los partidos comunistas han jugado en el movimiento obrero y en momentos decisivos de grandes luchas sociales en Europa, debemos celebrar que gran parte de la influencia de estos partidos se esté trasladando a las formaciones de la nueva izquierda. Consolidar este apoyo electoral y transformarlo en una influencia efectiva sobre los sectores organizados de la clase trabajadora y otros sectores populares es el reto que se presenta a partir de ahora.

Nuestra situación

En el Estado español, las condiciones específicas están propiciando un escenario muy distante del de otros estados europeos. Aquí no se ha producido una escisión en la socialdemocracia por su viraje hacia la derecha. Este hecho no es casual, y tiene que ver con las características de la constitución del mismo PSOE y sus bases sociales durante el proceso de Transición. Como hemos dicho muchas veces, la existencia de fuerzas socialdemócratas con una larga trayectoria histórica de influencia en el movimiento obrero (caso de Alemania, Francia y Gran Bretaña) posibilita que en su seno puedan producirse escisiones o debates rupturistas. Igualmente, tampoco estamos viviendo un quiebro o cambio de posiciones en la principal fuerza a la izquierda de la socialdemocracia, IU, y más concretamente en la estructura del PCE, que nos permita partir de una nueva formación con una base social relativamente amplia. Y no solo eso, en el Gobierno Autonómico de Catalunya, IC-V/EUiA, está participando activamente en el Gobierno con carteras tan nefastas como la de Interior, sirviendo de muleta para un gobierno tripartito (PSC, ERC y IC-V/EUiA) que está reprimiendo a los movimientos sociales –como fue el caso de el movimiento contra Bolonia en Barcelona– pero que sobretodo está aplicando una política económica totalmente neoliberal –por ejemplo la Llei d’Educació de Catalunya (LEC) o la políticas de apoyo a los despidos de miles de trabajadores en Nissan o Seat– y una política medioambiental desastrosa –como la aprobación del 4º cinturón o la gestión de la sequía del año pasado.

Todo esto nos lleva a considerar que no cabe desplegar en el Estado español un modelo similar al de Die Linke o el que significó Respect en Gran Bretaña a corto o, incluso, medio plazo. Las características y envergadura de la izquierda radical –muy débil y desarticulada tras la Transición– en el Estado español también limitan enormemente la posibilidad de seguir el camino planteado en Portugal o el incipiente reagrupamiento de la izquierda antisistema griega. Debemos encontrar nuestro propio modelo, adaptado a las características del Estado español y su izquierda radical. En este sentido, se explica nuestra participación en un espacio como las Candidaturas d’Unitat Popular (CUP), concretamente en la de Barcelona, que en la práctica, es la única experiencia unitaria sólida de carácter político con la que estamos teniendo contacto como grupo. Obviar el peso de la izquierda independentista en los diferentes territorios del Estado español sería un error, sobre todo allá donde tenemos una presencia real como en Barcelona. Debemos reconocer la potencialidad que esta izquierda puede jugar como catalizador del anticapitalismo en las zonas donde el debate sobre la cuestión nacional es relevante. Y a medida que las CUP se desarrollan, es cada vez más importante que realicemos una clarificación colectiva de cómo encajar un proyecto municipalista e independentista como éste con la construcción de un referente estatal para el anticapitalismo, que, como se explica en el documento dedicado al reagrupamiento, es nuestra apuesta por entrar en Izquierda Anticapitalista (IA).

Igualmente, las experiencias en espacios unitarios que como grupo estamos viviendo en Madrid y Sevilla también necesitan ser clarificadas. En este sentido, nuestra eventual entrada en IA debe ser compatible con un trabajo en espacios aun más amplios como el que venimos desarrollando, pues la construcción de un referente político anticapitalista como puede ser IA no es sustitutivo de los espacios donde se articulan los movimientos sociales y otras fuerzas políticas. En este sentido, el trabajo con IA debe servirnos también para construir una izquierda anticapitalista combativa pero abierta y no sectaria que sea capaz de llegar a amplias capas de la población. Más pronto o más tarde las experiencias que se han dado en Europa se materializaran en el Estado español. Tendrán otras formas y se gestarán de maneras diferentes, pero la esencia será la misma: construir un referente político combativo que represente a los cientos de luchas que existen.

Asamblea Estatal En lucha/Enlluita, 7 y 8 noviembre 2009.

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